CONTEMPLACIÓN I

CONTEMPLACIÓN I

    El viento y la nieve se lanzaron con brusquedad
sobre la ciudad.
    La realidad se cruzó en el corazón como un
centinela gris. El espacio se fragmentó en fugitivas
blancuras, como corriendo tras una meta lejana.
    Un teléfono llegó opaco e ignominioso.
    Los vehículos transitaban por una ola de bullicio
monótono e indiferente. Los hombres corrían y re-
trocedían a un pasado ignorado o soñado. Y los
niños lo aceptaban todo: el rictus extraño, la son-
risa inexplicable, la implacable blancura del in-
vierno.
    Todo era cercano y duro. Los rojos hechos de
la ciudad blanqueaban poco a poco. Y nada parecía
bastante. Ni los callejones interminables ni el hom-
bre que gritaba con su bufanda azul en el alma. Un
hombre que insistía en aparecer, se perdió luego
tras una esquina del mundo. Y también aquel otro
que refregó sus anteojos para acostumbrarse a su
inmensa lejanía o cercanía.
    Y entonces, recién entonces, un gato bajó inopi-
nada y lentamente desde un techo. Un humo casi
azul y lleno de olvido, se desperezó y se alejó. Fa-
milias enteras colgaban de sus brazos,

    Y en lo alto, una gaviota, como un papel ente.

rrado por la vida, rendía un culto imposible, im-

ponente.