Idioma
Spanish
Autor
Juan Pablo Riveros
Descripción
Extracto de la primera edición de Diciembre del 1986 (fotografía segunda edición diciembre 2000)
Fecha de publicación
Género
Poesía
de la tierra sin fuegos small

Prólogo de la 2da Edición

Luego de quince años se reedita este poemario. Los caminos que recorre todo un libro son un enigma. Esta ya ha viajado bastante como un solitario que en su pequeña canoa cabecea pacientemente en algunas caletas de los mares del mundo. Mares procelosos pero cálidos, la mayoría. Nunca podremos saber de sus recorridos. Sólo de algunos tenemos conocimiento cuando alguien envía un mensaje de una estrella a otra estrella. Pero, sin duda, estos poemas han tocado en silencio muchas puertas y han abierto ventanas bajo la guía impertérrita de Gusinde y las sombras que aún persisten en las huellas y playas de Karukinka.

Nosotros sólo hemos cumplido con un deber. El autor no es más que un mero transmisor de lo que oyó cuando niño y de lo que le contaron mudos cazadores en los sueños. El poeta actúa como una especie de sintonizador de onda corta que se encendió en los primeros años de la infancia magallánica.

 

Este trabajo poético tuvo el mérito, al menos, de estimular la conciencia pública del país respecto de la tragedia de los primeros habitantes de nuestras tierras del sur. Se supo otra vez que los selknam y los yámanas y los qaswashqar existieron y que fueron diezmados. Se supo del trabajo de Gusinde. Apenas se sospechan las razones de su partida silenciosa de Chile luego de sus denuncias y última expedición en 1924. Le perdimos el rastro a tan magnífico ser humano, por cierto, el más notable científico y humanista que pasó por el país en las primeras décadas del siglo XX: hombres de ese talento nos visitan algo así como una vez cada cien años. Su trabajo de rescate y de denuncia quedó, como ha ocurrido tantas veces en el país, en el silencio

SELECCIÓN DE POEMAS

Mar Yámana

          I


He aquí un canto
más hermoso aún
que una tribu de yaganes 

navegando en la aurora o,
más todavía,
que ese pastoreo de peces
en las santas aguas de Onashaga.


Ola de arquitectura amorosa. Lejos 

de la intrusión urbana.
Oráculo de algas tranquilas y 

encadenamientos infinitamente 

suaves.


Leyes
casi inexistentes por su fortaleza. 

Tempestades de tranquilidad
en las que divisamos desde lejos
la misteriosa pincelada del gaviotín 

monja.


          II


(Y te invoco, mar,
aliéntame a cerrar los ojos.
Te invito a cantar en tu nombre).


Pozo de magos amarillos y aromas 

de verdes extremos. Catedral de aves 

marítimas recién resucitadas.


Sacerdotes de actos purísimos
en caravana a la fecundación polar.


¡Oh, abundancia! ¡Oh, escasez extraordinaria! 

Iglesia a la que entro en puntillas

para no trizar ninguno de tus peces.


Nave que acrecientas mi dicha 

y frente a cuyo espectáculo 

una diosa marina
despierta suavemente en mi voz.


¡Oh, abundancia! ¡Oh, soledad 

apenas insoportable y necesaria! 

Urgente
como un pájaro infantil en el blanco 

silencio polar. Necesaria

como la tempestad, la ausencia, la dicha 

inaccesible. Necesaria como el albatros 

en altamar.


¡¡Oh, mar de las últimas bahías, 

¡¡de la medusa gloriosa,
¡¡y del yagán niño!



Oración Fúnebre

Un yámana,

acercándose al cadaver
y apartándole las armas, murmuró:


Adios querido padre,
tú que aquí no viste más que nuestras nieves,
nuestras tempestades;
ahora,
          ve lejos,
                       lejos.
Adios.
Que tu viaje sea feliz.

 

 

Atributos

Especialmente dotados para las alturas.


Al escalar abisales cantiles
o cuando al divisar el humo de un buque,
los alacalufes se instalan en sitios encumbrados.


No padecen vértigos.


Resistentes al frío.
Todas las mañanas del extenso invierno
rompen el hielo para bañarse.


Sobresalientes en la imitación
de animales y pájaros.



Solitario

Hombre solitario en tu choza.


Glaciares vertiéndose directamente
al mar. Orillas siempre verdes y
hielos orando lentamente entre las olas.
Flores de azul transparencia. Semi-
flotantes. Suspensos azules quebrán-
dose en miríadas de garzas.
Quebradura fresca, impecable, efímera.


¡Oh, noche del fondo de los fiordos
rasgadas por explosiones de bloques
inmensos! Vidrios
gigantescamente enfriados.
Blanco asombro
encallado en la complejidad
de las arterias marítimas.
Glaciares sin importancia
en las cumbres inexploradas
de las Grandes Islas.


Hombre solitario en tu choza.

 

 

Diario de Emperaire

1° de Junio de 1946:
El ambiente no es esencialmente alegre.
Alto,
el mar chapotea a poca distancia de la choza.
Entre pieles, trapos y latas,
penetra, helado y cargado de brumas,
el viento que cubre las altas yerbas.
Unos niños
cantan.


10 de Tunio de 1946:
Un buen fuego en la choza sin humo.
Perros amontonados en un rincón
y hombres calentándose o durmiendo.
¡Calma cósmica
bajo la luna llena!
Un mar helado y un barro
que se congela.
Todo es silencio.
Todo es apacible.


Ni una palabra.
Ni un ladrido
tirita en esta península del mundo.



Perros del campamento

Como los alacalufes ya no cazan,
los perros inseparables trabajadores
en la captura de la nutria-participan
de la miseria general. Policía de aseo
de los excrementos!


         No tardan en morir de inanición.
         Tristísimo, verlos agonizando
         en el barro; pelados, descarnados
         despedazados vivos por sus congéneres’
Utiles en la noche, ovillanse entre sus amos
manteniendo el calor. Toalla, en el día
y, a veces, pañuelo.


Los perros del campamento Edén
participan de la miseria y deterioro
generales.



Dawson 1

Esa larga fila de Confinados
que subía a los camiones de la Armada Nacional 

marchando
cerca de las doce de la noche del once de septiembre 

de mil novecientos setenta y tres en Isla Dawson


                    Dawson, Aristóteles España

También campo de concentración 

de onas y alacalufes.
El desarrollo de la ganadería 

primó sobre todo escrúpulo.


          Es bien desagradable este asunto de los indios, 

          pero qué hacer, tenemos que extirparlos
          de Tierra del Fuego y llevarlos a Isla
          Dawson. (1)


¿Prioridad? Expulsar a onas de sus tierras, de sus sho’on. 

Entonces decidieron destruirlos en masa. (2)
Asesinato sistemático financiado
por las Grandes Compañías.


          We are fully prepared for the indians; 

          in fact I have six men doing
          nothing else but keeping them back. (3)


Stubenrauch, Mc Rae, Mr. Bond: 

expertos cazadores de indios a sueldo.


          …Popper…Mac Clelland…pagaban
          una libra esterlina
          por cada indio asesinado. Ganancia complementaria:

          cuatrocientas doce libras esterlinas.. Sam Ishlop: 

          Torturaba y profanaba luego los cadáveres. (4)


Igual suma cancelaban los Pioneros por un puma, por un perro 

por un par de orejas de niño o adulto.


Llenos
los campos fueguinos de onas sin orejas.
Más tarde, por algunos de corazón demasiado 

blando, se cambió el sistema: una libra esterlina 

por cada cabeza, testículo o senos,
por cada cosa ona muerta.


Grandes cacerías en la Patagonia.
¿Derechos Humanos?
¿Derechos humanos Parada, Guerrero, Nattino?


          Degollad a cuantos indios encuentren. (5) 


Gran edad, henos aquí, tomad medida

del corazón del hombre. (6)


Ninguna fiera se ha comportado
de manera tan cruel como lo han hecho
los blancos contra los indios indefensos. (7)


Urgente fue la eliminación del guanaco, 

envenenamiento de alimentos, ropas, baleo 

indiscriminado. Fotografías.


          Questa instantanea –di alcuni cacciatori di
          indii nella Terra del Fuoco- fa meglio comprendere 

          le misere condizioni dei fueghini e la

          grandezza dei benefici loro apportati 

          dai missionari salesiani. (8)


El resto de los onas, deportado
a la Misión Salesiana de San Rafael, en Dawson.


          Con todo, el punto clave es conseguir 

          una orden por algunos soldados
          que nos ayuden a arrinconar a
          los indios y llevarlos a Isla Dawson. (9)


                    Ay de aquellos que dominan con ejércitos 

                    y cuya sola ley es el poder. (10)


          …estamos moviendo cielo y tierra 

          para obtener que el gobierno chileno 

          remueva a los que quedan hacia
          Isla Dawson. (11)


Misión Salesiana mal concebida,
un sueño indefenso que intenta detener 

la destrucción de la historia.


          Actualmente las mujeres aprenden en las Misiones 

          a hilar y a tejer con no común maestría,
          y los hombres a ser hábiles overos, pues,
          en base a las iniciativas de varios estancieros, 

          aquella tierra se reveló sumamente apropiada

          a la crianza de ovejas. (12)


Febrero 1889, inicio de la Misión Salesiana: 

Alacalufes, 65; Onas, 111.
Sin guanacos, ni coruros, ni nutrias,

exiliados,
los indígenas,
a cargo de misioneros que, hablando
mal el español, no conversaron jamás
el ona, tampoco el alacalufe.
Y, a pesar de sus fuertes entradas financieras:


          Convinimos en dar una libra esterlina 

          por cada indio que enviáramos a
          Isla Dawson…pienso es el modo más 

          barato para deshacerse de ellos, más 

          corto que dispararles…(13)


Desastrosos los resultados de la Misión:


          Su existencia en la reserva –algo así 

          como la existencia de un huérfano 

          en un asilo- lo(s) aproximó
          a la inexistencia…Sin llegar a su 

          aniquilación total. (14)


A un ritmo catastrófico, la muerte 

resolvió definitivamente el problema 

de la adaptación indígena.


Y en 1911, Septiembre,
expiró el contrato de la Misión en Dawson 

con un cementerio de ochocientas tumbas.


Dawson quedó a la espera.


          El campo de Compingin, en Punta Grande, fue

          ‘inaugurado’ el mismo 11 de septiembre de 1973
          con sesenta detenidos de Punta Arenas…El campo
          de Río Chico funcionó desde el 20 de septiembre… 

          Hacia enero del 74 había allí unos 400 presos. 

           …El último de los ‘dawsonianos’ recuperó la 

          libertad en junio de 1977. (15)



Despedida de Martin Gusinde

Y entonces partí definitivamente.
Me separé de aquellos espléndidos hombres,
como recién salidos de la mano de Temáuquel.
Me alejé de la ternura de sus mujeres,
de sus formas de vivir. Acaricié,
por última vez, a los niños que
me miraron con sus caras tristes.
Mankatschen, el Cazador de Sombras, se
va, dijo el pueblo.


        Vistas con ese aire
        de imborrable melancolía que las empaña por
        dentro, como lágrimas nonatas’, dice Ronald Kay.

Este pueblo pronto desaparecerá.
Entonces, otearemos inútilmente los helados
picachos; las ondulantes canoas en los brazos
de mar o los pacíficos campamentos en los
valles abrigados. El zorro,
¡ay, nieve acunada por su peso.
se deslizará sigilosamente por el bosque
sin temor.