DISCURSO DE QUENOS

DISCURSO DE QUENÓS

Quenós nos reunió
y enseñándonos la palabra, no 

ésta sino otra más antigua, 

habló así:

 

El Habitante del Cielo
no tiene necesidades. No 

depende de nadie ni de nada. 

Es inmensamente libre.

 

El Hombre Solitario
desea que dependáis lo menos posible 

unos de otros. Pero
no seáis total y completamente solitarios: 

Convivid. Sed generosos.

 

Que jamás falte la carne
en vuestros hogares. Trabajad. 

No padezcáis hambre. No uno, 

dos arcos para cazar el guanaco.

 

Ejercitad vuestro cuerpo
con toda clase de prácticas: Caminad, 

nadad por ríos y mares, ascended
las nevadas montañas.

 

Transformad vuestro peso en algo 

ligero y leve como el caspi.
Un buen ona es veloz y se adapta
a los enormes accidentes terrenales, 

como el guanaco.

 

Dominaos en tal forma
que nadie conozca vuestros pensamientos. 

Sed reservados sobre el conocimiento
que atesora vuestro pueblo.

 

¿La mujer? Como el hombre,
no una bestia de trabajo. Ella en
sus asuntos, vosotros en los vuestros.
Su alegría en el hogar es como el sol
de primavera luego de la nieve.
¿Hay, en realidad, mayor encanto
que ver a nuestras mujeres marchar
a través de las selvas de coihues y de ñires 

por nuestras verdes colinas?

 

El Antiquísimo desea
que cada ñire, cada cerro, cada ave,
cada guanaco
sean vuestros antepasados.
Quizá entonces reconoceréis que
hasta las cosas más inermes de este mundo 

son caspi.

 

¡Imitad al Señor de los Espacios!