EPIFANÍA

EPIFANÍA

Mientras uno camina, en una noche cualquiera
bajo la infinitud de las obedientes estrellas y levan-
ta de pronto la mirada sin angustia hacia el cielo
incansablemente nevado. y mientras uno piensa
que, tal vez, ningún dolor mayor nos puede ahora
destruir; y luego siente, de inmediato, que siempre
podrá existir un nuevo sufrimiento más perfecto, y 
que una nube de aves mitológicas, sin vacilar, nos
podrá pinchar el rostro interminablemente. Y sí,
además, observamos la corteza de una palabra que
es preciso, a cualquier precio, terminar de encon-
trar…
    Entonces, no es extraño experimentar tanta con-
fusión frente a tanto rasgo maltrecho o mal inter-
pretado. Entonces, es preferible creer en los hom-
bres que se deslizan con sus leves ponchos blancos
por las calles mudas, como hilos de un volantín
desgarrado de un corazón equivocado. Y, entonces
por supuesto, la efímera palabra se destruye ante e
primer contacto con la lástima del mundo.