ESPERAS
El firmamento está inconcluso de gritos. Por los
caminos de escarcha, alguien fuma nerviosamente
en el cielo.
Una carta reluce fría en la lejanía. Y las sombras
permanecen clavadas en la quieta inmensidad. Mi
cabeza ve el mundo y un mensajero de astros ca-
mina lívido por mi almohada.
Las centrales eléctricas y la central de los soni-
dos más lejanos rugen sin luz en un parto de mila-
grosa indiferencia.
La noche murmura azul en los caminos.
Me estoy soñando.