FLOR
Hoy encontré una flor.
Es tan pequeña
tan insignificante,
tan precaria en su nimiedad,
tan, en la práctica, nada,
que sentí piedad por ella.
Entre todas
era única. Su cáliz,
su corola, sus estambres,
sus minúsculas anteras
eran
sus máximas posesiones,
su mayor ostentación y grandeza.
Tan pequeña la mísera
que apenas un diminuto sismógrafo
podría percibir su aliento,
su habla,
su palabra, sus gestos.
Esa especie de comunicación inaudible
que sólo el viento al estremecerla
percibe
y sólo la brisa y la noche conoce.
En medio de la pradera,
en el oleaje infinito de la historia
era absolutamente imperceptible,
inhallable.
Fue entonces que supe
de sus anteras
abiertas
soportando todo
el abismo absoluto de las estrellas.