HEISENBERG 1
Y he aquí que en mayo de 1925,
aquejado por la fiebre del heno,
partió
a la Isla de Helgoland,
alquilando una habitación frente al mar.
A las 3 de la madrugada de ese día
había desarrollado los cálculos definitivos
de la mecánica cuántica.
Presentí
que a través de la superficie de los fenómenos atómicos
miraba un fondo en el que subyacía
una belleza interior maravillosa.
Lucrecio II, 1144:
De los átomos,
creo de importancia
atender a su número y grandeza,
su orden, su figura y movimiento
y situación.
Me estremecí al pensar
que debía ir tras una multitud de estructuras matemáticas
que la naturaleza había abierto
y colocado súbitamente ante mí.
De madrugada,
subió a lo alto de una roca solitaria
que penetraba el mar.
Y esperé la salida del sol.