INCERTIDUMBRE
“De continuar así, no sé dónde despertaré algún
día”, dijo Jaime. Miró las estrellas que roían el fir-
mamento: la belleza se destrozaba y disgregaba
en un interminable vacío.
Pero toda aquella inquietante hermosura ya no
podía engañarlo como antes. Hoy andaba porque
era lo único aprendido -y sonrió-, lo poco que ha-
bía obtenido por las calles vagabundas.
Y en ese helado otoño lo comprendió casi todo.
Comprendió que todos los senderos transcurrirían
bajo lejanías azules. Comprendió que los colores se
irían despintando hasta ser todos iguales y que las
cosas otearían sus propios infortunios. Supo que
nevaría durante años en cualquier parte. Y lo com-
prendió casi todo.
Entonces miró sus brazos y se abrazó. Miró sus
manos y algo suyo se estremeció a lo lejos.
“No, no sé dónde despertaría algúm día”.