LA DANZA DEL UNIVERSO
El universo, maestro Scardanelli,
una telaraña dinámica de íntimos sucesos vinculados.
Como tus ojos,
tus manos, el color de tus cabellos,
o el ave que vuela quieta bajo el cielo azul,
ninguna parte o propiedad de esta telaraña es esencial.
No hay ninguna ley fundamental, maestro,
ni una sola.
Todo es Li, dice Ch’en Shun,
el patrón de las cosas,
el principio por el que todo está hecho para acoplarse.
Sólo importa la pirámide total, el conjunto,
la gracia del todo, la armonía entre las partes.
La congruencia de las interrelaciones es la que
otorga sentido a toda la estructura de los seres.
Y este persistente vaivén de las olas
y mi respiración en este crepúsculo frente al mar,
esta arena, estas rocas, el agua,
la gaviota que tropieza gravemente en el aire,
así
en toda la telaraña del cosmos
miríadas de partículas en vibración
se crean y se aniquilan
sordamente.
Entonces,
como un grano de arena en la playa del Universo,
como una ínfima estrella en el espacio cósmico,
como una chispa menor en todos los fuegos,
como una torre
o una pirámide dentro de otra pirámide,
somos sólo una nota, un compás,
parte de una gigantesca danza universal,
fragmentos de una cósmica danza de energía.
Como una perla en el cielo de Indra
reflejamos todas las perlas del collar.
Oigo el ritmo
y siento el sonido de una lluvia de rayos cósmicos,
el bullicio de partículas de alta energía que colisionan
y bombardean constantemente la atmósfera terrestre.
Entonces,
cascadas de energía caen
desde el espacio exterior
creando y destruyendo partículas en rítmicas pulsaciones.
Y no sólo la materia, maestro,
también el vacío participa de la danza del Universo,
pero no es ese vacío occidental como una sencilla nada
sino el vacío que contiene todas las formas del mundo de las partículas,
esas meras manifestaciones transitorias del vacío fundamental.
Es la danza de Shiva,
el señor de la danza de los hindúes.
En el espacio cósmico
cada partícula,
cada uno canta perpetuamente en la Gran Canción.