MULTIVERSO 1

MULTIVERSO 1

El Universo en que vivimos,
no sería el único.
Habría un número infinito de Universos,
cada uno con su ley,
con su propia física distinta.


Nuestro Universo,
una burbuja flotando en un océano de burbujas.
Como partículas ubicuas
ellas no existirían sólo en nuestro Universo.


Habría universos paralelos,
todos ellos levemente distintos.


Estoy viendo, oh maestro del Neckart,
un Universo paralelo
donde la bomba de uranio en Hiroshima
no explotó;
otro en el que ni siquiera fue lanzada
y en el que Naomí
continúa leyendo en el umbral de su casa,
mientras Toshiro se aleja
a las islas interiores
en aquella hermosa mañana de agosto.


Milena Jesenka escribe cuentos de hadas
en un mundo cercano
aunque infinitamente lejos;
y, aun mejor,

en el que Hitler ni Stalin existieron,
o nunca accedieron al poder.


Y habría, maestro,
un universo en el que tú o yo
nunca existimos,
en el que nacieron solamente los feroces.
Y otro en el que corres
por la ancha playa del mundo,
sin temor,
porque nadie nos lastimará.
Un mundo donde todos te saludan
por manso y bienaventurado.
En el que callas
porque no hace falta la palabra,
y sólo habitas sin dañar al mundo,
donde no existe doblez
y no eres juzgado,
ni arrojado
ni vilipendiado.
Un mundo en el que todos seríamos
de verdad semejantes.


Podrían ocurrir, Oh poeta,
muchos universos superpuestos.
En unos, caminamos en el agua;
en otro, corres por el aire
o simplemente vuelas por la copa de los árboles
y como águila invades los ingrávidos nidos del abismo.

No toda la materia del Universo
sería diminutas partículas invisibles
sino menudas cuerdas impalpables.
La materia y el espíritu,
una nota,
una música que nace del acorde de un gran violín,
o del rasguido de una guitarra
o del cello de la sonriente Jacqueline du Pré.


La naturaleza, maestro,
aquella que
presintiendo reposa desde antes del Gran Fulgor,
esa maravilla omnipresente,
la sagrada natura total,
una caravana de todas esas pequeñas notas
que resultan del plañir de cuerdas gigantes
a la orilla de un mar interminable.


El Universo,
un Mozart,
un Köchel 516, un 621
una sinfonía concertante,
un quinteto en permanente desarrollo.


Y las leyes de la física,
el arpegio de una cuerda gigantesca.