MULTIVERSO III
¿Y la singularidad del Gran Ruido original, maestro?
¿Qué ocurre con la singularidad del inicio?
Sólo una colisión de olas, dicen los sabios,
un maremoto que ondula a través de dimensiones superiores
golpeándose con una y otra ola.
Pero la onceava dimensión
no sería un lugar plácido y tranquilo
con membranas que flotan delicadamente en sus espacios.
No, maestro amado,
los universos se desplazan por la onceava dimensión
flameando como esas canoas de los mares del sur,
como leviatanes en el oleaje,
y en el que tales ondulaciones
golpearían en puntos distintos,
como los hielos que se friccionan en el sur
como balizas o naufragios en la más alta mar,
originando en momentos distantes
los diversos grupos de materias luego del Gran Fulgor.
Entonces, oh bibliotecario sublime,
como la naturaleza presiente desde antes del tiempo,
la existencia de las membranas
serían previas al Gran Fuego.
Habría un Tiempo
antes del tiempo en que estalló el Gran Huevo,
no este tiempo que huye envidioso, Horacio,
sino otro, el Gran Tiempo.
Y si retrocediéramos hasta el instante primordial
podríamos franquear,
traspasar literalmente a otro mundo,
en el que las víctimas no existen,
y Naomí no muere,
tampoco Cristo muere
y todos se bañan en las perpetuas aguas de la piedad.
¿Será este el gran túnel del final?
El Multiverso,
un número infinito de universos
con probabilidades distintas.
Se suceden explosiones gigantescas
a cada instante
pero nuestro universo coexiste con otras membranas.
Y en este instante,
en este preciso segundo alguien planta tulipanes en su luna
o siembra un pez en el cielo
o una manada de cetáceos canta en el cielo de la noche
o una tortuga bebe el enigma de una estrella
mientras otros universos se expanden hasta el infinito.
Nuestro Universo,
una burbuja flotando
en un océano de burbujas, maestro.