NAGASAKI
Cuando Chieko Watanabe abrió los ojos
le pareció que estaba en otro mundo.
Estaba en el infierno.
En la desolación,
una mujer había sufrido una decapitación instantánea.
Sus brazos
seguían rodeando el cuerpo de su bebé
cuya piel se había volatilizado.
Un hombre caminaba con la cara en carne viva
sujetando sus intestinos con su mano derecha.
Todo ardía.