Nimia, poemas en prosa, (1980): La mirada contemplativa y lo inexpresable
La obra debut de Juan Pablo Riveros, Nimia: Poemas en prosa, publicada en 1980, marcó un hito significativo en su trayectoria literaria. El propio poeta ha reconocido la trascendencia de este primer poemario, señalando que su génesis se encuentra en ‘recorridos por mi tierra lejana del sur en momentos trascendentales de mi vida’. Compuesto por 46 poemas en prosa, Nimia propone una lectura que
fusiona la experiencia del poeta con el vasto paisaje austral.
Una característica central de Nimia es la predilección del autor por observar, describir y expresar la realidad de una manera profundamente contemplativa. El sujeto poético, en un gesto de introspección, se distancia del mundo para sumergirse en su observación, enfrentándose a la posibilidad de que su vivencia se torne “inexpresable”. Esta situación, donde la voz humana puede sentirse “sofocada o se refugia en un silencio desesperado”, no representa una limitación del lenguaje, sino una exploración deliberada de sus fronteras. La comunicación
literaria en Nimia se ve, por tanto, mediada por este acto contemplativo, lo que da lugar a una lírica reflexiva que invita a una comprensión profunda en los lectores.
Esta aproximación a lo inexpresable se alinea con la perspectiva de George Steiner, quien sugiere que un acto contemplativo puede conducir a un “entendimiento total e inmediato, donde la verdad no necesita sufrir las impurezas y fragmentaciones del lenguaje”. La elección de la prosa poética en Nimia permite a Riveros trascender las convenciones lingüísticas, buscando capturar aquello que las palabras por sí solas no podrían. De este modo, el lector es guiado hacia un conocimiento experiencial que va más allá de la mera descripción.
La crítica ha reconocido la singularidad de N. Hernán Castellano Girón la describe como una ‘escritura de estilo’ que abarca tanto el verso como la prosa. Por su parte, Mauricio Ostria destaca en la poética de Riveros un proceso distintivo, caracterizado por el ‘distanciamiento, desdoblamiento y trastrocamiento’, elementos que lo posicionan de manera única en el panoramade la poesía chilena contemporánea. Así, N establece un principio poético fundamental para Riveros: la comprensión profunda a menudo reside más allá de la articulación explícita, en un espacio contemplativo donde lo mínimo revela lo inmenso y el silencio adquiere una elocuencia singular. Este enfoque sienta las bases para sus exploraciones posteriores de temas históricos y cósmicos complejos, donde lo inexpresable permanece como una corriente subterránea poderosa.
La poesía de Riveros, por lo tanto, ofrece un enfoque epistemológico único donde los detalles minúsculos del paisaje austral o de la vida cotidiana se convierten en portales hacia verdades universales y una comprensión cósmica. Esta relación el micro y el macrocosmos, es una característica definitoria de su lirismo contemplativo y filosófico, invitando a los lectores a encontrar lo infinito dentro de lo finito y a cuestionar los modos convencionales de conocimiento. Es aquello que destaca Longino en Acerca de lo sublime, la encarnación de lo infinito en lo finito.
SELECCIÓN DE POEMAS
POBLADOS
Una noche me detuve tras la ventana,
El viento arañaba el basurero que apenas se man.
tenía inmóvil en la calle. Las cosas que ahí sobre-
salían formaban un gran poblado de circunstancias
oscuras. En el interior, los demás habitantes hacían
esfuerzos sobrehumanos por resistir.
¿Como -decían ellos- podremos realizar el tras-
lado desde este poblado hasta aquel otro tan hondo
en su simpleza? ¿Cómo?
La noche moría en el marco de la ventana.
POBREZA
Nieva pobremente,
La nieve se llena de calles sin fin. El viento, como
una bandera blanca que se rompe, ha quedado in-
móvil. Las cosas palidecen hasta parecer ausentes.
Nadie viene o va. Nada indica vida. Todo se
apoya en un frío e imperfecto barandal, como dos
voces que nunca se atreven a ser una.
Nieva con pobreza en toda la ciudad. Una ine-
fable escritura blanca se ha puesto a girar y a girar
por el lado sur del cielo. Y los árboles, también in-
móviles, se han vestido de ese precio imposible.
Un hombre pasa corriendo frente a la ventana.
¡Adiós, hombre!
EPÍSTOLAS
Esta noche iré con nadie a caminar,
Iré al correo donde mi lobo se estremece de luz.
Luego miraré todo, Los hombres serán un día in-
terminable y sus voces un camino siempre verde.
El tiempo se detendrá en la copa llena de los ar
boles. Y ya nadie nos engañará más,
No, esta noche no podré ir con nadie a caminar.
Nadie, fecundará sus íntimos satélites de nada,
Porque esta noche apareció por una esquina, la
carta con su letra menuda, perfecta, i¡mpecable!
FRÍOS
Ayer, inmediatamente después, llovió. Había ale-
gría en mí, no me avergüenza decirlo. El agua
caía suspendida por millares de cosas lejanas. Yo
pensaba en todo: en la fecundidad de la noche v
en su corona de días fugaces.
Crucé por el monótono reflejo de una poza que
encontré. Bajo el agua había pequeñas tristezas,
amaneceres que ocurrían tarde y misteriosas son-
risas de personas amadas. Unos peces miraban ató-
nitos el mundo en una posición incómoda. Y yo mi-
raba el mundo desde una bolsa borracha de lluvia.
Llovía, como si un dedo pulsara, sin fin, una misma
nota desde lo alto.
A las noches anteriores las atravesó una larga
ola de frío. Interminables agujas llenaron el espa-
cio. Y el frío, tirado por las calles, se descolgaba de
las luces del poblado. Muchas veces lo vi subir,
imperdonablemente, por mis cabellos, y trasladarse
de un poblado a otro y luego a otro con un idioma
extraño de mundo.
HISTORIAS
Un gran silencio se produjo luego. El tiempo se
detuvo con una doliente actitud de abandono.
Largas noches cubrieron lentamente las cisternas
y no se oyó nunca nada más.
Noches. Ventiscas. Nieve que azota el rostro a
las tres o cuatro de la madrugada. Faroles naranjas
que rodean los monumentos mínimos. Y familias
enteras y humanos que ya nunca, nunca. Un frío
de historia se hizo íntimo.
Se oía el oscuro oleaje que se rompía en los ca-
nales lejanos. Y el tiempo celebraba su rito silen-
cioso sobre el bronce.
Noches. Ventiscas Historias.
Un gran silencio se produjo luego.
QUIETUD
En la tarde quieta, las nubes pasan apenas sobre
la tierra húmeda y fresca,
La ropa se mece con lentitud en los cordeles. Un
gato entrecierra sus ojos y mueve apenas una oreja.
Estos días hemos caminado juntos, abrazados a
nuestras inolvidables batallas.
BOSTEZOS
La pared despintada levanta una gris polvareda
en el espejo inmóvil. El viento sopla y la ventana
se estremece con el mundo.
Y yo, inclinado, me digo una palabra agotadora,
como un testigo que se hunde con su fusil al hom-
bro en un matorral ignorado. Y me alejo por una
chimenea helada. Paso la mano por mi frente y por
mis ojos y entonces bostezo largamente de frío.
“Es tarde”, pienso. El viento sopla. De la pared
cuelgan los últimos ruidos de una esperanza imper.
fecta, y una corona de óxido florece en los clavos
más lejanos.
El viento esculpe una monótona estatua en el
ventanal helado.
Y yo bostezo.
PAISAJE
Esta noche ha caído una Iluvia permanente y
transida de una triste voluntad,
El amanecer no se ha sorprendido de hallar ca.
lles embarradas. Tampoco se ha asombrado de en.
contrar flores marchitas y algas y peces balbu-
ciendo en los marcos de puertas y ventanas.
Los pasillos interiores están inundados de gri-
tos y de protestas inacabables,