Oración
Hoy ha zaraceado todo el día, Señor.
Habido ha una esencial penumbra,
un escaso claror.
Sé de la quebrada y del nocturno desierto.
Y del avaro reloj que oculta su inexorable campana.
Pero poco temo, Señor.
Temo no oír el suave golpe del remo en el lago.
Olvidar el silbo inconfundible de la nieve en la tormenta.
Y temo dulcemente
al insoportable caleidoscopio de tu voz.
Temo, en fin,
que un día deje de temer.
Que todo haya sido vano.