PALOMAS

PALOMA

    Ayer, como días antes, el frío creció y la tempe-

ratura se arrastró por la tierra y la cubrió de 

blanco.

    En el lecho del río, pequeño río turbio, amaneció 

una paloma que murió durante la noche. Tenía

su cabeza escondida en el corazón y sus patas esta-

ban crispadas como asidas a un trampolín invisible.

    ¡Y sus plumas aleteaban blancas!