TEMÁUQUEL

TEMÁUQUEL

Y Temáuquel creó

una tierra plana, sin selvas,

ni ríos, ni guanacos, ni coruros.

Creó una noche larga pero

ellas no eran tan profundas como

hoy, cuando las tormentas azotan

la pampa. No había onas ni

hohuen ni vientos ni dolor.


Preguntaréis qué es Temáuquel.

Temáuquel es caspi

y nada más que caspi.

Como nuestra imagen desaparece

en el agua frágil

ante el breve paso de la brisa,

tal es caspi: lo vivo huyendo en tu

figura. Temáuquel no tiene cuerpo ni imagen:

es caspi y nada más que caspi.

¡Grande es su poder!

Cuando, bajo la gran carpa de pieles,

nos protegemos del viento y de la nieve,

las mujeres arrojan un tizón ardiente a la

fría noche y murmuran entre dientes:

Esto es para Ti Allá Arriba.


Aquél Allá Arriba es el más solitario

de todos los solitarios. Antes

de la creación: sólo Él, en su choza ilimitada

de pieles estelares.

El Habitante del Cielo jamás

ha bajado a este mundo. Pero nada escapa

a su mirada. Penetra hasta el último confín

del pensamiento. Y ni la selva más oscura,

ni el ventisquero más extenso, impiden

el paso de sus ojos.

¡Grande es su poder!


 Y cuando este mundo termine, cuando

ya ningún ona salga a cazar guanacos,

ni viva ser alguno, Él siempre permanecerá.

Se distraerá solo,

 mirando la cadencia silenciosa de la nieve

muda,

al disolverse

en las irrazonables aguas del Gran Canal